Elecciones presidenciales

Con el 58.26% de abstencionismo, fue electo presidente el ultraderechista Alejandro Giammattei, defensor de agendas ultraconservadoras y vinculado a los sectores empresarial, militar y a poderes paralelos. 

La elección presidencial del domingo 11 de agosto en Guatemala no dejó opción al pueblo de este país, ya que se debió escoger de nuevo entre dos candidatos, uno de derecha y otro de corte populista, que no representan los intereses de las grandes mayorías. 

La jornada electoral se celebró con el 58.26% de abstencionismo, según datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE). El binomio ganador, Alejandro Giammattei (el presidente electo) y Guillermo Castillo (el vicepresidente electo), obtuvo el 57.98% de los votos válidos. Giammattei ha competido desde el 2007 para la presidencia de la República, siendo esta su cuarta vez que se presentaba a las elecciones presidenciales.

Giammattei y su partido Vamos representan a los intereses más conservadores del país, al sector empresarial, al sector militar vinculado con violaciones a los derechos humanos y vinculados muchos de ellos a acciones fuera del marco legal. 

Es decir, representa a los intereses de los grandes defraudadores del Estado de Guatemala y de poderes paralelos. Representa, además, a los sectores de ultraderecha: mantiene una posición contraria a la descriminalización del aborto y al matrimonio homosexual y en favor de la pena de muerte y el uso militar en la seguridad ciudadana.

Ha mencionado ya algunos nombres de su futuro gabinete de ministros, por ejemplo: Antonio Malouf, ex presidente del CACIF, cámara de empresarios; Álvaro González Ricci, familiar de un abogado del CACIF, representante en la mesa de diálogo instalada en Guatemala por la OIT; Julio Monroy, ex gerente de la empresa Ganagro, S.A.; Claudia Ruiz, ex directora general de Gestión Educativa y pariente de militares en ascenso; Alberto Pimentel, ex asesor legal de FERSA, S.A., contratista del Estado y ex financista del actual partido de gobierno, entre otros.

Los guatemaltecos y guatemaltecas se fueron a votar el domingo 11 de agosto. Foto: Oscar Dávila / AGN

Tras el término el 3 de septiembre del mandato de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Giammattei prometió no prorrogarlo y no instalar más una Comisión de esta magnitud en Guatemala. 

Los ejes de trabajo en su plan de Gobierno son: a) Competitividad, economía y prosperidad (se planea aplicar en casi todo el aparato estatal las Alianzas Público-Privadas, APP), b) Desarrollo social, programas de asistencia social; c) Gobernabilidad y seguridad; d) Transparencia y e) Relaciones con el mundo, reforzar los lazos comerciales y fijar nuevos acuerdos comerciales. 

El presidente electo ofreció seguir con el acuerdo entre Estados Unidos y Guatemala de hacer del país centroamericano el “Tercer País Seguro”, que de llegarse a declararlo legal, convertiría a Guatemala en una enorme cárcel a donde Estados Unidos tendría la posibilidad de enviar a cualquier migrante que ellos decidan. Guatemala, por su vez, no podría trasladarlos a sus países de origen y estaría obligada a darles, mientras arreglan su situación migratoria, alimentación, vivienda, trabajo, educación y salud, lo que sobrepasa las posibilidades socioeconómicas de este país.

Pero Giammattei no encontrará el camino libre. Tendrá al Congrego de la República prácticamente en contra, esto debido a que el otro partido contendiente en el balotaje de la segunda vuelta electoral para presidente, la UNE, un partido populista, ganó más de 53 escaños en el Congreso de un total de 158 Diputados, mientras el partido del presidente electo, el Vamos, contará con sólo 16 diputados.

El triunfo de un político ultraderechista y la ausencia de opciones electorales verdaderas para la población guatemalteca demuestran el secuestro del Estado de Guatemala por los grupos de poder que actúan no solo para mantener el estatus quo, sino que también para acrecentar las brechas entre ricos y pobres, robando oportunidades de desarrollo a la sociedad en general.

Las afiliadas a la ISP están conscientes de ello y de que es necesario elevar los niveles de concientización entre sus agremiados, para buscar acciones comunes y fortalecerse para hacer frente a este desafío. A la vez se hace un llamado a la comunidad internacional para estar atenta a lo que acontezca en Guatemala y solidarizarse en cualquier momento de crisis.